domingo, 3 de febrero de 2013
La fiebre de un sábado azul y un domingo sin tristezas
Mi segundo juego. El título es una frase de la letra de "Viernes 3 AM", canción genial de Serun Giran del álbum "La Grasa de las Capitales". Dícese de cucuyo: "Luciérnaga voladora. Animal diminuto que en la oscuridad se ve de color verde fosforecente." Como siempre, el arte corre por cuenta de mi hija.
Manojito de recuerdos
Con el IPad de mi mujer y un aplicativo, Garage Band, comencé a jugar con la música. El programa permite seleccionar instrumentos y, en modo automático, se pueden tocar acordes y combinarlos. Jugué a samplear la palabra Seru Giran, uno de mis grupos argentinos de rock preferidos y la frase "el tango siempre te espera".
La titulé "Manojo de memorias", podría haber sido "Hilachas". El dibujo es de mi hija de 6 años
La titulé "Manojo de memorias", podría haber sido "Hilachas". El dibujo es de mi hija de 6 años
martes, 19 de junio de 2012
Hace 6 años mandaba a lavar el auto
De todos los artilugios electrónicos a nuestra disposición, el teléfono huye a nuestro control. Decidimos cuando escuchamos música, cuando entramos en Internet, cuando miramos televisión. No decidimos cuando es que el teléfono va a tocar.
Una vez sonó un lunes, en medio de una reunión con nuestros alumnos. La señora que llamaba anunció que había una niña en camino, luego supimos que en dos horas la traerían. Alegría inmensa y, también, miedo de saber si ibamos a dar la talla.
Nos sentamos a tomar un café para pensar que ibamos a hacer. Los alumnos fueron avisados de no habría más reuniones en ese día, dando inicio a una larga serie de días en que el trabajo tuvo que negociar con una niña mucho más poderosa.
Estábamos en el café y no sabíamos por dónde empezar. Una lista mental rápida incluia chupetes, mamaderas, leche en polvo (cuál?), pañales, algún juguete (fue una Kitty hadita). La logistica paralizaba, nuestra inexperiencia tampoco ayudaba.
Por hacer algo, por empezar a actuar, propuse llevar a lavar el auto, para que estuviera limpio cuando tuvieramos que llevar a la niña a nuestra casa. Ese fue el primer paso, absurdo tal vez. Pero fue el inicio, un impulso que permitió que más tarde estuvieramos deambulando por el supermercado elegiendo varios tipos de chupetes, de mamaderas y pañales, en la esperanza que algunos fueran los correctos.
Volvimos a la facultad, teníamos que buscar todas las cosas que habíamos dejado en nuestra sala. En el estacionamiento nos esperaban una fila de alumnas, todas llorando. Las seguí viendo por el espejo retrovisor cuando, finalmente, emprendimos el camino a casa en nuestro auto reluciente.
Hoy hacen 6 años que nuestro auto tuvo una buena limpieza, con cera incluída.
El mismo día en que recibimos una dosis de nueve meses en sólo 24 horas.
Sin dudas, nuestro mejor día. Imbatible
martes, 28 de febrero de 2012
jueves, 23 de febrero de 2012
Sobre rojos diamantes eternos
Los más raros ...
Los más bellos ...
Son los diamantes rojos.
"Tengo que aprender a ser luz
entre tanta gente detras.
Me pondré las ramas de este sol que me espera
para usarme como al aire."
entre tanta gente detras.
Me pondré las ramas de este sol que me espera
para usarme como al aire."
Canción para los días de la vida
Luis Alberto Spinetta
Luis Alberto Spinetta
sábado, 11 de febrero de 2012
Sobre diamantes y otros menesteres
Pienso, cartesiano: que si hablamos de diamantes no podemos eludir su rojo fulgor. Rojo como la sangre. Sangre es vida, mientras pulse por vasos, arterias y venas. De lo que deduzco que la muerte podrá tener cualquier color menos el rojo. Concluyo: sin vida no hay diamantes.
Refuto, más humano: que tal vez no se trate sólo de sangre y diamantes. Que si hablamos de diamantes tal vez podamos hablar de alma. Las guitarras tienen alma, todos los instrumentos de cuerda tienen alma. Wikipedia me informa, el alma es una varilla de metal para soportar la tensión de las cuerdas.
Música: una fuerza de la naturaleza incontrolable. Salta por encima de nosotros, por las hendijas que le dejamos, ella entra. Él decía que la música era como una medusa. Nada más elegante que una medusa al flotar, princesa del mar. También, nada más inexplicable.
Amo: a los shamanes que me hacen presentir el misterio y, humildemente, me recuerdan que hay tantas verdades como personas.
Y que los misterios existen para ser caminados mientras dure el goce.
Y que hay tantas capas como cebollas puedas recoger.
Y que la palabra, también animal, es música al cantarla. Y que, mientras poesía, es sagrada.
Saudades: saber que no puedo esperar nuevos discos tuyos.
Aún así: habrá un rojo fulgor de diamantes siempre a mi lado.
LA: sus iniciales.
La-la-la.
El-ei.
Los Ángeles.
Él, uno de ellos.
"Shine on you, crazy diamond..."
martes, 14 de junio de 2011
Los años de la buena memoria
Con cinco años mi hija entra de lleno en la infancia con recuerdos. A lo largo de este tiempo su cerebro se ha desarrollado, incluyendo el hipocampo que, además de ser un pez, es la región en donde se guarda la memoria de largo plazo, la casa de los recuerdos. Una verdadera alquimia biológica hecha de de genes y proteínas anclan momentos que nos acompañarán el resto de nuestras vidas.
Caminamos a lo largo de momentos, se viven como momentos, e ignoramos si serán trascendentes, si quedarán luego en nuestra memoria. Somos ciegos, incapaces de saber los momentos de nuestra vida que van a alimentar nuestros recuerdos.
Pero allí estarán y asegurar la sonrisa de un chico es también intentar que su casa se llene de “boas lembranças”. Los años de la buena memoria, los de la infancia, son los que recordamos después como aquellos momentos de nuestra vida en donde todo era posible. Ciertamente las ambigüedades eran menores y nuestros entusiasmos mayores.
No creo que idealicemos nuestros buenos recuerdos. Existen y merecen nuestro respeto. Son momentos que hallaron su lugar en nuestro hipocampo. Quedaron, a veces sin saber por qué. Están y agradecemos por tener esa memoria. Una memoria que nos devuelve la felicidad del momento. Sentir el momento, sólo en la infancia, el diferencial de tiempo que viene después del pasado y antes del futuro.
Nada mejor que desear a mi hija una buena memoria el día de su cumpleaños.
La que se recuerda con una sonrisa.
La misma que tenía hoy al apagar su velita rosada con el número cinco.
Cinco, como el número de la pelota “de verdad” que cuando nos la regalaban decretaba que pasábamos a ser jugadores de futbol profesional.
Cinco como los años que tenía cuando vi al señor Neil Amstrong pisar el suelo lunar mientras mi abuela descorchaba el champagne. Un pequeño momento, un gran recuerdo para mi memoria.
Que estos cinco años los cumplas muy feliz. Y ojalá sea un recuerdo que robe una sonrisa en tu vejez.
Tu papá.
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